Esto es a 100 metros de casa, en un trozo cualquiera del río. Llevan así desde que apareció el primer rayo.
Ahora entiendo por qué un alemán que tuvo mi hermano de intercambio en Murcia hace años se pasó los quince días señalándonos la ventana, indicando que hacía sol fuera y que había que salir a la calle. Mi hermano acabó hasta los huevos, claro.