jueves, 18 de diciembre de 2008

Última semana

Cuando el enorme lago que rodea los edificios de tu trabajo no solo se ha helado, sino que se está cubriendo de nieve y desapareciendo junto a los kilómetros de césped verde que ya han desaparecido, cuando las plantas que rodeaban el lago se han convertido en cuatro matojos amarillos y los árboles gigantes que había por todos lados en unas ramas peladas que dan pena, cuando miras por la ventana y la nieve ya no parece preciosa sino un puto incordio, dos cosas quedan claras: que nunca habías sabido lo que era el invierno, y que es momento de pirarte a tu casa.

Ahora entiende uno de qué conyo hablaban cuando le explicaban de pequenyo que el anyo tiene cuatro estaciones. Perdone, el anyo de dónde? Porque yo no había visto esto de las estaciones nunca. Ni las estaciones ni, lo que es más sorprendente, las transiciones entre estaciones. La primavera la entiendes cuando un abril empiezas a ver salir bichos y plantas de cada rincón como si llevaran ahí meses aguantándose (de una forma que, para los que somos poco amantes de la naturaleza, en especial de los insectos, da hasta asco). El otonyo cuando ves los tres o cuatro días de finales de septiembre en que los árboles pasan de ser verdes a ser verdes, verdes claro, amarillo, naranja, naranja oscuro y rojo (esto es flipante, lo mires por donde lo mires). Y el invierno al llegar la semana de noviembre en la que la nieve se carga todo lo que pilla (y de un lunes al siguiente lunes parece que te han cambiado de escenario y te han colocado en medio de una estación de esquí).

Una cosa que he aprendido en estas dos últimas semanas ha sido a andar sobre la nieve y el hielo. Los zapatos que lleves influyen (un día descubres que algunos de los zapatos que tienes sirven para esto y otros no), pero lo más importante es la actitud. Consiste en andar creyendo en que no te vas a resbalar: con decisión, como si nada pasara, como si no estuvieras andando sobre un suelo no apto para andar. Vamos, andar a lo última cruzada. Y no tiene más, no te resbalas. Ahora, pobre de ti si la duda te inunda por un momento.

Y nada, qué más cosas hemos hecho desde que no escribo? Mm... La semana pasada estuvimos en Barcelona. Yo es que parece que sea incapaz de ver un Barcelona-Madrid en un ambiente favorable, o al menos neutral. O bien vivo en Barcelona, o bien vivo en Suiza y me voy a verlo a un club del Barcelona, o bien vivo en Alemania y vuelvo a Barcelona a verlo. Pero bueno, la verdad es que ver un partido rodeada de gente del Madrid me resultaría muy extranyo. Y no fue tan humillante como se esperaba. Y aparte de eso, el viaje estupendo, lo pasamos muy bien (muchas gracias a todos los alojamientos, se duerme estupendamente en vuestras respectivas camas y sofás :)).

Por otra parte, Nacho ayer hizo una entrevista para pasarse un par de anyos abriéndole la cabeza a unos murciélagos. Suena estupendamente (...) y esa gente parece que quiere dejarle al cuidado de los bichos, el único problema es que se ve que hay que conseguir un papel para que te dejen jugar con neuronas de animales (melindres...). Así que no está clara la cosa.

El domingo salimos para Alicante, y si no hay ningún follón de trenes o aviones, por la tarde estamos allí. La putada es que yo tengo en la cabeza que cuando volvamos el invierno ya se estará medio acabando... y me da que no va por ahí la cosa. En fin, en Murcia que nadie me pregunte por qué voy sin abrigo.

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