domingo, 14 de septiembre de 2008

El Club del Pollo Negro

El barrio mola. Tenemos justo abajo una cerveceria/bar/restaurante donde se cena muy bien a buen precio, en la esquina el bar Carlitos, en el que viernes, sabados y domingos sirven unas pizzas espectaculares, y en general bastante ambiente y buenos sitios. También es cierto que comparado con el pueblo a las afueras de Zurich en que vivíamos en Suiza, cualquier cosa parece Manhattan.

Nacho, en sus pesquisas por la zona tratando de buscar tiendas en las que comprar destornilladores y otros utensilios imprescindibles estas dos semanas, había visto un bar de beber con buena pinta muy cerca de casa. Así que hacia él nos encaminamos el sábado por la noche al salir del Carlitos. Es un sitio oscuro, con una barra llena de gente, bastantes mesas y taburetes de madera. Entramos, nos sentamos y, cuando estamos a punto de levantarnos a pedir, aparece un senyor con escaso pelo y cara de pocos amigos, que pregunta:
- "Pertenecéis al Club del Pollo Negro?"
A lo que Nacho, en un encomiable intento de integración en la lengua germánica contesta:
- "Zwei Bier, bitte" (dos cervezas, por favor)
El hombre, que incomprensiblemente muestra claros signos de disconformidad con la respuesta, insiste:
-"Sois del Club del Pollo Negro?"
En esta ocasión voy yo:
-"Entschuldigung, ich verstehe nicht" (disculpe, no entiendo)
Llegados a este punto, la cara de pocos amigos empieza a tornarse en cara de mosqueo evidente, el senyor saca una cartulina roja del bolsillo que nos muestra cuan Medina Cantalejo y, en un perfecto inglés-alemán, increpa:
- THIS-IS-EIN-CLUB.
Nosotros (ya medio levantándonos):
- Aaahhhh.
El hombre, calmándose un poco:
- Para ser del club tenéis que pagar un euro. Acompanyadme.

Por supuesto, ante semejante situación a uno no se le ocurre decir que no quiere ser del Club del Pollo Negro. Menos si el Club del Pollo Negro está a treinta metros de la puerta de tu casa. Así que allá fuimos con nuestro euro. Firmamos en una hoja, y recibimos sendas cartulinas rojas con un gran pollo negro, en las que pusimos también nuestro nombre, convirtiéndonos en los flamantes miembros 9624 y 9625 del Club del Pollo Negro.

Una vez que uno supera la bienvenida, el local podría pasar por un bar normal y corriente... De no ser por unas fotos de pollos (digo pollo, pero seguramente sería más preciso decir gallo) de todas las clases, de feos a feísimos, que decoran la pared. Y de no ser por un senyor calvo con perilla y un tatuaje de la oreja a la mano, que se pasea incesantemente por el bar dando la mano a todos los miembros masculinos del club y besando la de todos los femeninos, con una frecuencia de mano/beso cada media hora (es decir, en horita y media te tocan tres besos). Viéndole uno nota que, lejos de lo que se pudiera pensar, pertenecer al Club del Pollo Negro no es ninguna tontería, pues este hombre es la viva imagen de la frase final de Leo Di Caprio en "La Playa":
"Lo importante no es a donde vas, sino cómo te sientes en el momento en que llegas a formar parte de algo."
Aunque sea del Club del Pollo Negro.

(Nota: Queda claro con esto que cualquiera que desee honrarnos con su visita tendrá que venir preparado para convertirse en miembro del Club del Pollo Negro.)

11 comentarios:

Anónimo dijo...

Eso que dices de La Playa cuadra con una frase que acabo de ver en una necrológica de un tal David Foster Wallace, que parece ser un escritor fetén que acaba de suicidarse:

"Todos nos morimos por entregar nuestras vidas quizá a Dios o a Satán, a la política o a la gramática, a la topología o a la filatelia; lo que sea es secundario para esta voluntad de entregarse de forma total"

Anónimo dijo...

He de aclarar que yo me he entregado de forma total al Club del Pollo Negro, que si no a lo mejor no se entiende la frase. Ahí va un enlace, por cierto.

CLUB DEL POLLO NEGRO

Vix dijo...

Jajajajajaaja, sí, se entiende mucho mejor tras la puntualización.

Ooooh, EL icono. xD

Daniel dijo...

Yo también había leido lo de la muerte de mi cuasi tocayo, David Foster Wallace. Y adivinais donde ha muerto... en California. Todo son señales... aunque la del Pollo Negro no sabría muy bien cómo interpretarla. Desde luego sois magnéticos para la gente rara.

Vix dijo...

Tranquilo que haremos lo posible por descubrir la conexión, que seguro que la hay. Probablemente el senyor de la perilla tenga un oscuro pasado como tatuador en California (no tenía pinta de surfero ni de joven emprendedor).

Unknown dijo...

jsjsjsjjsjsjsj!!!menudas risas nos acabamos de pegar Dani y yo leyendo vuestra experiencia del club del pollo negro!!!me habría encantao estar alli para poder verlo:). Por cierto, teneis que preguntar como miembros del club que sois que porque eso de venerar a un pollo negro,no habrá cosas más bonicas que poner en una pared de un bar????

Vix dijo...

Pues tenéis toda la razón: como miembros del club deberíamos saber por qué veneramos lo que veneramos... A ver si hay huevos a preguntar el próximo día.

Anónimo dijo...

Yo no pienso preguntar nada sobre el club a los del club. Una vez se es del club pollo negro hay que aceptarlo con entrega total y sin dudas, como si fuera un hermanamiento de sangre gitano o un pacto de los Siete secretos.

Además, estoy seguro de que la primera norma del Club del Pollo Negro es que no debes preguntar nada sobre el Club del Pollo Negro.

Anónimo dijo...

Pocas cosas me hacen tanta ilusión en la vida como llegar a formar parte del club del pollo negro. Cada vez tengo más claro que elegí bien a mis líderes espirituales (que vendríais a ser vosotros).

Vix dijo...

En el Club todo el mundo te recibirá con los brazos abiertos abiertos, Coralí. Es un Club, pero no son gente chunga, el glamour del local es semejante al de Bóveda (desafortunadamente más tranquilo). Y si necesitas nuevos líderes espirituales, el hombre de los tatuajes parece una gran opción. xD

Anónimo dijo...

Que va, el ambiente del Pollo Negro no se parece nada al de Bóveda. Para empezar, allí nadie baila. Luego está el freak calvo de la perilla canosa con el tribal que le recorre el cuerpo, que se parece a un malo de Matrix. Luego los aseos llenos de publicidad chunga (y del festival de Benicassim)...